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Descubren a prostitutas como víctimas, arrestan a sospechosos y revelan el primer perfil criminal: los misterios sin resolver de Jack el Destripador

Escrito por radioondapopular
agosto 7, 2025
Descubren a prostitutas como víctimas, arrestan a sospechosos y revelan el primer perfil criminal: los misterios sin resolver de Jack el Destripador

En la historia criminal de Londres, pocos casos han generado tanto misterio y fascinación como los asesinatos atribuidos a Jack el Destripador. Entre abril de 1888 y febrero de 1891, en Whitechapel, el barrio más pobre del East End, se registraron al menos once femicidios, aunque solo cinco de ellos se consideran vinculados definitivamente al enigmático asesino.

El 7 de agosto de 1888, a las 4:45 de la mañana, el estibador John Saunders Reeves tropezó con un escenario macabro en el edificio George Yard. Resbaló en un charco de sangre y casi cayó sobre el cuerpo sin vida de Martha Tabram, una prostituta de 39 años conocida por su alcoholismo. La autopsia reveló que había sido apuñalada 39 veces en distintas partes del cuerpo, con heridas en el cuello, el corazón, los pulmones, el hígado, el estómago y la zona genital. La víctima murió alrededor de las 2 o 3 de la madrugada, y su identidad fue rápidamente establecida por su notoriedad en el barrio.

Las investigaciones indicaron que Martha había estado en la compañía de una prostituta llamada Mary Ann Connelly, apodada “Pearly Poll”, y dos soldados la habían acompañado esa noche. La última vez que fue vista con vida fue en George Yard, caminando con un soldado desconocido. Aunque algunos testigos escucharon gritos en la madrugada, la policía no logró encontrar pistas concretas que llevasen al asesino, y el caso fue cerrado semanas después como un asesinato sin resolver.

Este crimen, que en su momento pareció aislado, adquirió mayor relevancia cuando en los meses siguientes se produjeron una serie de asesinatos similares. Entre ellos, destacan las muertes de Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly, conocidas como “las cinco víctimas canónicas”. Todas ellas presentaban mutilaciones brutales, principalmente cortes en la garganta y en el abdomen, con algunos órganos extraídos como trofeos.

El modus operandi del asesino solía comenzar con un corte en la garganta para luego proceder con mutilaciones abdominales. La brutalidad y similitud entre estos crímenes generaron un pánico colectivo en Londres y alimentaron las teorías más diversas acerca de su autoría. La policía de la época, a pesar de sus esfuerzos, nunca logró capturar a Jack el Destripador, y las sospechas se extendieron a figuras de todos los ámbitos sociales, desde nobles hasta personajes marginales.

A lo largo de los años, se han propuesto múltiples hipótesis sobre la identidad del asesino. Algunas teorías sugieren que podría haber sido un barbero judío-polaco llamado Aaron Kominski, cuya sangre mitocondrial fue analizadа en una investigación moderna, aunque sin conclusiones definitivas. Otras apuntan a figuras como Montague Druitt, un abogado de clase alta que se suicidó poco después del último crimen, o incluso a artistas como Walter Sickert, con base en análisis de ADN y en interpretaciones psicoanalíticas.

Una de las hipótesis más controvertidas, popularizada en el libro «Jack the Ripper: The Final Solution» del escritor Stephen Knight, afirma que los asesinatos fueron en realidad una conspiración de la realeza británica para proteger al duque de Clarence, involucrando a médicos de la corte y a la propia Casa Real. Sin embargo, esta teoría carece de pruebas concluyentes y se mantiene en el ámbito de la especulación.

Asimismo, el asesino se burlaba de la policía, enviando cartas anónimas firmadas como “Jack el Destripador”. La más famosa de ellas, enviada a George Lusk, contenía medio riñón y una nota que decía: “Le envío medio riñón que tomé de una mujer. La otra mitad la freí y me la comí. Si espera un poco más, quizá le envíe el cuchillo ensangrentado con que lo saqué. Atrápeme si puede”. Otras misivas, que también se atribuyeron al asesino, aumentaron el pánico y la presión sobre Scotland Yard, que en ese entonces investigaba con recursos limitados y muchas hipótesis sin corroborar.

El perfil criminal elaborado por el médico forense Thomas Bond fue pionero en la historia policial, sugiriendo que el asesino era un hombre solitario, con tendencias a ataques periódicos de manía homicida y con cierto conocimiento anatómico. La evidencia forense y las declaraciones de testigos coincidían en que el asesino cortaba primero la garganta de sus víctimas y, en muchos casos, evisceraba sus cuerpos.

A pesar de la intensa investigación, que incluyó más de dos mil declaraciones, cientos de sospechosos y varias detenciones, la identidad de Jack el Destripador permanece oculta hasta hoy. La leyenda sigue viva, alimentada por teorías, supuestos y documentos que, en muchos casos, pueden ser falsificados o mal interpretados.

La historia de estos crímenes sigue siendo un enigma sin resolver. La posibilidad de que Martha Tabram fuera la primera víctima del mismo asesino que luego perpetró los cinco asesinatos “oficiales” aún genera debates entre criminólogos. Algunos consideran que su muerte fue un crimen “desprolijo” y diferente en estilo, lo que hace difícil determinar si fue obra de Jack el Destripador o de otro atacante en las calles oscuras de Londres en aquella época.

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