SECRETARIO GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS PRESENTA INFORME DE POLÍTICAS SOBRE LA SEGURIDAD ALIMENTARIA

Fuente: ONU

Nueva York, 11 de junio de 2020.- Más de 820 millones de personas pasan hambre en un mundo que cuenta con alimentos más que suficientes para sus 7800 millones de habitantes, recordó este martes el Secretario General de las Naciones Unidas durante la presentación del Informe de políticas sobre la seguridad alimentaria, que analiza el impacto de la pandemia de COVID-19 en el ámbito de la alimentación y la nutrición.

“Nuestros sistemas alimentarios están fallando y la pandemia de enfermedad por coronavirus está empeorando aún más las cosas”, dijo António Guterres, advirtiendo que, si no se toman medidas urgentes, la inminente emergencia alimentaria mundial podría tener repercusiones a largo plazo para cientos de millones de personas.

En la actualidad, unos 144 millones de niños menores de cinco años, es decir el 20% de los niños del mundo, tienen retrasos del crecimiento por desnutrición.

Por si fuera poco, la crisis debida a la pandemia de COVID-19 podría empujar a la pobreza extrema a 49 millones de personas más este año y aumentará las cifras de hambre con gran velocidad.

Guterres llamó a la acción inmediata para que los efectos económicos de las restricciones para controlar la propagación del coronavirus no limiten el acceso a la comida de la población más pobre. Las conclusiones del informe, explicó el Secretario General, son tres y muy claras:

  1. Debe haber una movilización para salvar vidas y medios de subsistencia, sobre todo donde haya mayor riesgo, lo que implica la designación de los servicios alimentarios y de nutrición como esenciales, así como la protección adecuada a los trabajadores del sector de la alimentación. También quiere decir mantener la asistencia humanitaria a los grupos más vulnerables y llevar alimentos a los países con crisis alimentaria. Por su parte, los gobiernos tienen que apoyar más la producción, el transporte y la comercialización de comida en los mercados locales, además de asistir a la población más pobre y atender las necesidades de liquidez de los pequeños productores y las empresas rurales.
  2. Hay que reforzar los sistemas de protección social para la nutrición por medio de programas nacionales que salvaguarden el acceso a alimentos seguros y nutritivos, especialmente para los niños y otros grupos de riesgo. En este punto se incluye el apoyo a los niños que ya no reciben las comidas escolares.
  3. Se debe invertir en el futuro para construir un mundo más inclusivo y sostenible con sistemas alimentarios que atiendan mejor las necesidades de los productores y trabajadores del rubro y que, además, brinden un acceso más justo a alimentos sanos y nutritivos a toda la población para así poder erradicar el hambre. Los sistemas sostenibles suponen una relación equilibrada y armónica con la naturaleza. Actualmente los sistemas alimentarios producen hasta el 29% de las emisiones de gases de efecto invernadero y afectan la biodiversidad.

Para terminar, Guterres aseveró que si se siguen estas guías se podrán evitar algunas de las peores consecuencias de la pandemia de COVID-19 en el acceso a los alimentos y la nutrición, mientras se avanza hacia la transición de una economía verde que mitigue el cambio climático.

Ver mensaje de Secretario: http://webtv.un.org/watch/ant%C3%B3nio-guterres-secretario-general-en-el-lanzamiento-del-informe-de-pol%C3%ADticas-sobre-la-seguridad-alimentaria/6162748357001

MENSAJE COMPLETO DEL SECRETARIO GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS

En el mundo hay alimentos más que suficientes para alimentar a los 7.800 millones de habitantes que conformamos la población mundial. Sin embargo, a fecha de hoy, más de 820 millones de personas pasan hambre. Y aproximadamente 144 millones de niños menores de 5 años tienen retrasos del crecimiento; eso es más de 1 de cada 5 niños en todo el mundo.

Nuestros sistemas alimentarios están fallando, y la pandemia de enfermedad por coronavirus (COVID-19) está empeorando aún más las cosas. A menos que se adopten medidas de inmediato, cada vez está más claro que hay una emergencia alimentaria mundial inminente que podría tener repercusiones a largo plazo para cientos de millones de niños y de adultos.

Este año, es posible que unos 49 millones de personas más caigan en la pobreza extrema debido a la crisis de la COVID-19. El número de personas que sufren inseguridad alimentaria o nutricional aumentará rápidamente.

Cada punto porcentual menos en el producto interno bruto significa otros 700.000 niños con retraso en el crecimiento. Incluso en los países donde los alimentos son abundantes, vemos riesgos de disrupciones en la cadena de suministro de alimentos. Debemos actuar ahora para evitar los peores efectos de nuestros esfuerzos por controlar la pandemia. Hoy día presento un informe de políticas sobre las repercusiones de la COVID-19 en la seguridad alimentaria y la nutrición.

En el informe se llega a tres conclusiones claras.

Primero, debemos movilizarnos para salvar vidas y medios de subsistencia, centrando la atención allí donde el riesgo es más grave. Eso significa designar los servicios alimentarios y de nutrición como esenciales, al tiempo que se aplican las protecciones apropiadas para los trabajadores del sector de la alimentación. Significa preservar asistencia humanitaria crítica en forma de alimentos, medios de subsistencia y nutrición para los grupos vulnerables. Y significa poner alimentos en los países que sufren crisis alimentarias para reforzar y ampliar los sistemas de protección social. Los países deben intensificar el apoyo a la elaboración, el transporte y los mercados locales de alimentos, y deben mantener los corredores comerciales abiertos a fin de garantizar el funcionamiento continuo de los sistemas alimentarios. Deben asegurarse también de que el socorro y las medidas de estímulo lleguen a los más vulnerables, entre otras cosas, atendiendo las necesidades de liquidez de los productores de alimentos en pequeña escala y las empresas rurales.

Segundo, debemos reforzar los sistemas de protección social para la nutrición.

Los países deben salvaguardar el acceso a alimentos seguros y nutritivos, en particular para los niños de corta edad, las mujeres embarazadas y lactantes, las personas de edad y otros grupos de riesgo. Y deben adaptar y ampliar los programas de protección social para atender a los grupos de riesgo desde el punto de vista de la nutrición. Ello incluye apoyar a los niños que ya no tienen acceso a las comidas escolares.

Tercero, debemos invertir en el futuro, no en el pasado.

Tenemos la oportunidad de construir un mundo más inclusivo y sostenible. Creemos sistemas alimentarios que atiendan mejor las necesidades de los productores de alimentos y los trabajadores del sector de la alimentación. Proporcionemos un acceso más inclusivo a alimentos sanos y nutritivos, a fin de poder erradicar el hambre. Y reequilibremos la relación entre los sistemas alimentarios y el medio natural transformándolos para que funcionen mejor en armonía con la naturaleza y para el clima.

No podemos olvidar que los sistemas alimentarios contribuyen a hasta el 29 % de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, incluido el 44 % del metano, y están teniendo efectos negativos sobre la biodiversidad.

Si hacemos estas y otras cosas, como se indica en el informe que presentamos hoy, podemos evitar algunas de las peores repercusiones de la pandemia de COVID-19 sobre la seguridad alimentaria y la nutrición, y podemos hacerlo de modo que apoyemos también la transición verde que debemos efectuar.

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