¿Qué cambiará en México con la derrota de Trump?

¿Qué cambiará en México con la derrota de Trump?

Fueron cuatro años de insultos, amenazas y agresiones contra la población latina en general y los mexicanos en particular. Cuatro años en los que el presidente de Estados Unidos Donald Trump azuzó la xenofobia, el racismo y la discriminación.

Los discursos de odio le dieron rédito electoral. Lo fortalecieron como un personaje políticamente incorrecto, impredecible. Y popular. Pese a la crisis económica y a su desastroso manejo de la pandemia de coronavirus, que ha dejado más de 200.000 muertos, Trump obtuvo casi 70 millones de votos. Son siete millones más de los que alcanzó en 2016.

Aun así, perdió la reelección. Pero ello no significa, ni remotamente, el fin de la violencia en contra de las y los migrantes en Estados Unidos. Desandar ese camino costará mucho tiempo y esfuerzo, porque Trump envalentonó a ese sector de la población que desprecia lo diferente, que es intolerante y que, con un profundo sentimiento de superioridad, se niega a abrazar la transformación demográfica de un país que está muy lejos del ideal que algunos soñaban, poblado por una mayoría blanca y protestante. 

La diversidad fue combatida durante estos años no sólo con discursos o políticas. Abundaron los casos de mexicanos o hispanos en general que, sin motivo alguno, eran golpeados en una tienda, en una calle, en una playa. «Váyanse a su país» se convirtió en un grito común. «Paguen el muro», en un reclamo permanente.

Cecilia González, periodista y escritora

Cecilia González, periodista y escritora

Trump envalentonó a ese sector de la población que desprecia lo diferente, que es intolerante y que, con un profundo sentimiento de superioridad, se niega a abrazar la transformación demográfica de un país que está muy lejos del ideal que algunos soñaban.

Con Biden en la Casa Blanca, se recupera la diplomacia en el trato. Pero en la relación México-Estados Unidos hay una agenda muy amplia de intereses que está marcada por la tensión que implica compartir una frontera de más de 3.000 kilómetros, tener un comercio bilateral que el año pasado alcanzó los 614.000 millones de pesos y que es el más importante, por sus dimensiones, en la región. Y no hay que olvidar que México es el principal socio comercial de Estados Unidos y que junto con Canadá forman el T-MEC, el tratado que sustituyó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y que Trump siempre amenazó con boicotear.

El comercio ilegal no es menos importante, ya que Estados Unidos es el principal país consumidor de las drogas ilegales que se producen en México o que se trasladan a través de sus rutas; en el camino inverso, desde Estados Unidos se trafican las armas que terminan en manos de los cárteles mexicanos.

La migración es otro tema de permanente conflicto. Cómo no, si Estados Unidos alberga a la mayor población de mexicanos que viven fuera de su país. Se trata de casi 40 millones de personas –cifra que aumenta de manera sostenida–. A ellos se añaden los miles de indocumentados a los que se les violentan sus derechos humanos con maltratos, deportaciones en masa, separaciones de familia y detenciones en centros insalubres.

Son demasiados problemas pendientes. Por ahora, lo único seguro es que cambian las formas. Habrá que esperar a que el nuevo presidente asuma para saber qué tanto se transformará, de verdad, el fondo de la relación.

El bravucón

El muro entre México y Estados Unidos fue una de las obsesiones de Trump desde su primera campaña. Convenció a su público enfebrecido de que los mexicanos pagaríamos su construcción porque era nuestra responsabilidad. Fortaleció el añejo estereotipo de que somos narcos y delincuentes. Una potencial amenaza.

Más allá de sus improperios, la verdad es que Trump continuó en la línea de todos sus antecesores, ya que Estados Unidos jamás se ha hecho cargo de la responsabilidad que le toca en el mercado ilegal de las drogas por ser el país que más consume sustancias prohibidas.

El presidente explotó el tema hasta el último momento. Hace sólo cinco meses, durante un acto en Arizona, posó al lado de un fragmento de la valla de acero construida en ese estado fronterizo con la entidad mexicana de Sonora.

Cecilia González, periodista y escritora

Cecilia González, periodista y escritora

Más allá de sus improperios, Trump continuó en la línea de todos sus antecesores, ya que EE.UU. jamás se ha hecho cargo de la responsabilidad que le toca en el mercado ilegal de las drogas por ser el país que más consume sustancias prohibidas.

«He construido el muro y ayudó al 100 %, detuvo el Covid», afirmó, a pesar de que Arizona registraba en ese momento un récord de casos de coronavirus y con Estados Unidos convertido en el país con el mayor número de contagios y muertes en todo el mundo. Sus falsedades eran ovacionadas por sus seguidores. La realidad, lo sabemos, jamás le importó.

«El muro ayudará a México al desalentar la inmigración desde América Central. Vamos a sacar a los malos, a los pandilleros, los vamos a sacar rápido«, dijo en enero de 2017, a pocos días de asumir. Antes, en la campaña, había afirmado: «México no es nuestro amigo. Cuando México nos manda gente, no nos mandan a los mejores. Nos mandan gente con un montón de problemas, que nos traen drogas, crimen y son violadores».

Las descalificaciones fueron una constante. «Miles de estadounidenses son asesinados por aquellos que han entrado de manera ilegal y miles morirán si no actuamos», afirmó Trump durante un evento oficial en enero de 2019, y en el que insistió en que México pagaría por el muro.

Luego vinieron frases como: «No quiero nada con México, más que construir un muro impenetrable y que dejen de estafar a Estados Unidos«, «México no se aprovechará más de nosotros, no tendrán más la frontera abierta», «Los mayores proveedores de heroína, cocaína y otras drogas ilícitas son los carteles mexicanos y que contratan inmigrantes mexicanos para que crucen la frontera traficando droga».

También criticó la corrupción del sistema judicial mexicano cuando el líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, escapó de una cárcel de máxima seguridad. «El narcotraficante más grande de México escapa de la cárcel. Increíble corrupción y Estados Unidos está pagando el precio. ¡Te lo dije!», escribió en su cuenta de Twitter que usó como permanente foro de agresiones.

Cecilia González, periodista y escritora

Cecilia González, periodista y escritora

Tomando en cuenta el estilo pendenciero de Trump, tampoco es tan difícil que su sucesor parezca en principio bastante más sensato. Si son solo palabras o no, lo veremos con el nivel de deportaciones y las políticas migratorias de la próxima administración.

«Tenemos a gente que llega al país (por la frontera mexicana) que ustedes no creerían lo malos que son. Estas no son personas, son animales, pero los estamos sacando del país a un ritmo nunca visto», aseguró en mayo de 2018 durante un evento en la Casa Blanca.

En la segunda mitad de su gobierno, Trump moderó sus insultos contra los mexicanos. Cada vez fueron más esporádicos. Y cuando el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, lo visitó en julio de este año, Trump se contuvo, se mostró amigable y no manifestó ninguna palabra de desprecio. Espero a que su invitado se fuera para volver con su letanía sobre el muro.

El conciliador

Desde el principio de su campaña, Biden se diferenció de Trump. En lugar de ofender, extendió la mano.

«Necesitamos trabajar en sociedad con México. Necesitamos restaurar la dignidad y la humanidad en nuestro sistema de inmigración. Eso es lo que haré como presidente», prometió en sus redes sociales cuando era candidato.

También ha criticado la separación forzosa de familias en la frontera que derivaron en imágenes que deberían avergonzar a Estados Unidos por los miles de niños y niñas alejados de sus padres, el trato inhumano a las y los migrantes indocumentados en general, las restricciones para regularizar a extranjeros que hace décadas viven en ese país o que llegaron en su infancia y su hostilidad contra las peticiones de asilo o refugio. Todo lo que Trump presentaba como «un éxito».

Es un cambio, pero tomando en cuenta el estilo pendenciero de Trump, tampoco es tan difícil que su sucesor parezca en principio bastante más sensato. Si son solo palabras o no, lo veremos con el nivel de deportaciones y las políticas migratorias de la próxima administración.

La expectativa, de todas formas, es positiva. A pesar de que López Obrador todavía no ha querido felicitar a Biden por su triunfo, su canciller Marcelo Ebrard ya confió que con el demócrata puede haber una mayor cooperación económica, sobre todo porque, a diferencia de Trump, que apostaba al aislamiento, Biden promueve una visión multilateralista. Tampoco hay agravios, acusaciones ni arrogancia.

Y eso, por lo pronto, ya es un alivio.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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